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Portada  |  14 abril 2022

Informe sobre natalidad: cada vez menos hijos

En 2020 los bebés nacidos vivos fueron 533.299, un 14,7% menos respecto al 2019, cuando se habían registrado 625.441, y un 31,4% menos con relación a los 777.012 de 2014.

No todo sube en la Argentina. Hay algo que baja. Y, además, es una buena noticia. El índice de natalidad alcanzó el nivel más bajo de la historia, según el último reporte del Ministerio de Salud en base a datos de 2020.

La tasa global de fecundidad (el número de hijos por mujer) descendió a 1,55, lo que ratifica una tendencia que se inició en 2015 -cuando era de 2,3- y que ubica al país cerca de los índices de las naciones más desarrolladas.

En otros números, en 2020 los bebés nacidos vivos fueron 533.299, un 14,7% menos respecto al 2019, cuando se habían registrado 625.441, y un 31,4% menos con relación a los 777.012 de 2014.

Para Rafael Rofman, Director del Programa de Protección Social del Cippec, el fenómeno se explica básicamente por dos razones: “por un lado, un cambio cultural que hace que muchas mujeres prioricen su desarrollo profesional por encima de la maternidad. Y por otro, las políticas públicas implementadas desde 2014 que permitieron que las jóvenes de los sectores más vulnerables, donde la gran mayoría de los embarazos son no deseados, puedan acceder a métodos anticonceptivos”.

El punto de inflexión fue la incorporación al sistema sanitario del implante subdérmico, conocido vulgarmente como “chip anticonceptivo” y que desde entonces se aplica de forma gratuita en los hospitales públicos.

Los resultados están a la vista. Si se toma en cuenta a las menores de 20 años, la caída del nivel de embarazos fue la más significativa. Entre 2014 y 2020 la tasa de fecundidad descendió un 55% en general, y un 66% entre las de bajo nivel de educativo.

Pero lo que es para celebrar también implica una preocupación de cara al futuro. La tasa de reemplazo poblacional es de 2,1%, esa es la cantidad de hijos por mujer necesarios para mantener estable la población.

“Entre otras cosas, habrá que pensar cómo adaptar el sistema previsional a una nueva realidad marcada por una población más reducida y más envejecida por el aumento de la expectativa de vida”, explica Rofman. La buena noticia está sobre la mesa. El desafío, también.

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